Navegando por la tormenta emocional: Guía práctica sobre cómo controlar los celos

Durante muchos años, se han contemplado los celos como una muestra de amor romántico, considerándolos como un elemento fundamental (“Se pone así porque le importo”). La realidad es que, cuando justificamos los celos como demostración de amor, lo que en realidad justificamos es una inseguridad o miedo.

¿Cómo superar los celos? Primer paso: identifica a qué tipo de celos te enfrentas

En este artículo vamos a analizar en qué consisten y cómo abordarlos, tanto de forma individual como en pareja, y para ello es interesante que diferenciemos los dos tipos de celos más habituales que hay: los celos que sentimos por temor a que aparezcan terceras personas en la relación actual y los celos retrospectivos.

Cuando los celos se enfocan en la situación actual de la pareja, reflejan esencialmente una inseguridad que puede expandirse en tres direcciones:

Esto sucede cuando surgen dudas acerca de las actitudes, comportamientos o nivel de compromiso real que la otra persona tiene en la relación.
Cuando esto ocurre, se genera una sensación de desasosiego por el efecto que otras personas puedan tener sobre la pareja, temiendo que, de alguna manera, la terminen seduciendo. Puede focalizarse en una sola persona o no tener un objetivo definido.
En este caso, lo que se pone en duda es la capacidad de la propia persona para mantener el interés de su pareja, sintiendo que no es suficientemente capaz de seducir, agradar o mantener la llama. Aquí juegan un papel muy importante la autoestima (lo que me quiero), la autoimagen (lo que me gusto) y el autoconcepto (lo que me valoro).

En el caso de los celos retroactivos o retrospectivos, lo que genera malestar es el pasado relacional y/o sexual de la pareja actual, encontrando tres grandes variantes:

  1. Celos enfocados al tiempo de calidad invertido en relaciones anteriores.
  2. Celos enfocados al grado de implicación emocional en la relación o relaciones anteriores.
  3. Celos con respecto a todo lo relacionado con prácticas sexuales o niveles de excitación y satisfacción obtenida en relaciones anteriores.

En los tres casos, se realiza una comparación virtual entre lo vivido anteriormente y lo que se está viviendo ahora, pero sin una base objetiva ni posibilidad de obtenerla. Además, en muchos casos, el sufrimiento es tan grande que se viven esas relaciones o experiencias anteriores como si se estuvieran dando todavía en el presente.

¿Cómo se manifiestan los celos?

Como hemos mencionado anteriormente, el motor principal de los celos es la inseguridad, que está íntimamente asociada a la emoción del miedo. Sin embargo, en múltiples ocasiones, este miedo se esconde tras otra emoción que da la cara: el enfado.

Cuando el cerebro percibe como real o como muy probable la posibilidad de que haya alguna amenaza para la continuidad de la relación, la reacción suele ser el reproche y la ira, así como una necesidad imperiosa de control, lo que puede dar lugar a conductas poco saludables en la relación (hipervigilancia, revisión de móvil u otros dispositivos electrónicos, preguntas constantes y repetitivas, prohibición de salidas por separado, contacto con algunas personas o determinadas prendas de vestir…).

Paradójicamente, todas estas acciones que se ponen en marcha con el supuesto objetivo de mantener la relación a salvo generan graves conflictos que pueden llegar a provocar que se tambaleen los cimientos de dicha relación.

¿Cómo gestionar los celos? Ejercicios para controlarlos

Conseguir superar los celos es un trabajo de largo recorrido, ya que hay que conseguir eliminar las creencias irracionales sobre las que se sostienen y cambiarlas por otras más realistas y adecuadas. Sin embargo, hay muchas herramientas que podemos utilizar para poder lograrlo, y aquí desglosamos algunas de las más importantes:

Para conseguir calmar el desasosiego que provocan los celos, se recomiendan ejercicios que mejoren tanto la sintomatología física (respiración profunda, relajaciones musculares, etc.) como la psicológica (parada de pensamiento, reestructuración cognitiva, ejercicios para reducir la fuerza de los pensamientos intrusivos…).
Aquí pueden entrar en juego factores tan importantes como la autoexigencia, el perfeccionismo y la huella que hayan podido dejar en nuestra autopercepción relaciones y experiencias anteriores.
Muchas de las personas que acuden a nuestra terapia de pareja o terapia psicológica para trabajar alguna cuestión relacionada con los celos tienen muy asentados los mitos que se nos han transmitido a través de los medios de comunicación, la literatura y el cine acerca del amor romántico. Estos mitos son poco realistas y pueden generar una serie de expectativas inalcanzables e inasumibles por ambas partes. Por ello, es importante conocer estos mitos y sustituirlos por realidades más adecuadas.
En bastantes ocasiones, la comunicación que se ha venido dando en el contexto de la relación llega desgastada, desvirtuada y viciada con reproches y malas formas. Por ello, una parte importante de la terapia de pareja consiste en rehacer esas pautas comunicativas y sustituirlas por una comunicación no violenta, mucho más constructiva, con más escucha activa y con el objetivo fundamental de entenderse.

Hay que entender que el proceso terapéutico requiere de tiempo y dedicación, contemplando también que no suele tratarse de algo lineal, sino que puede haber picos de avance y retroceso en el camino. Es importante saberlo para no tener la percepción de que no se avanza, entendiendo las posibles “recaídas” como una parte normal y natural, de la que hay que aprender y no desistir. Por supuesto, a medida que se va viendo que desaparece la necesidad de control, se observa una mejoría tanto a nivel individual como de pareja.

Diana Práxedes Aguilar
Psicóloga-Sexóloga
Alumna en prácticas del Master General Sanitario UNIR



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