Bisexualidad, ¿una realidad invisibilizada?

Los grandes cambios políticos y el rápido crecimiento de las nuevas tecnologías en los últimos años han permitido un avance importante en la sociedad en términos de aceptación y reconocimiento de la existencia en el ser humano de orientaciones sexuales diferentes a la considerada normativa, es decir, la heterosexualidad. Como prueba de ello ha podido observarse una mayor difusión de información a través de los medios de comunicación (televisión, prensa, internet, literatura, etc.), la implementación de campañas y programas educativos en la comunidad y la escuela, así como la creación de asociaciones y espacios LGBTIQA+, entre otros.

A pesar de ello, ¿podemos afirmar que todas las orientaciones sexuales no normativas son igual de aceptadas a día de hoy? La respuesta es no, sin lugar a dudas es necesario seguir visibilizando las orientaciones no heterosexuales debido a la existencia de mitos y creencias erróneas que aún continúan vigentes y concretamente las evidencias apuntan a que son las personas bisexuales las que experimentan mayores niveles de rechazo y discriminación social.  

Pero, ¿qué es eso de la bisexualidad?


La definición tradicional y más extendida establece que la bisexualidad es la capacidad que puede presentar una persona para dirigir su atracción sexual y romántica hacia personas de su mismo sexo y del opuesto (American Psychological Association, 2012). No obstante, es muy importante y debemos tener en cuenta el plural de las identidades de ahí que La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (2016), a modo de ofrecer una visión más inclusiva de lo que significa ser bisexual, propone lo siguiente: “es la orientación sexual de quienes sienten atracción sexual, emocional y/o romántica hacia personas de más de un género y/o sexo, no necesariamente al mismo tiempo, de la misma manera, al mismo nivel o con la misma intensidad”.

Aunque, a priori no debería suponer problema la aceptación de la bisexualidad como una orientación sexual tan válida como cualquier otra, lo cierto es que sigue siendo una realidad invisilizada.

Y, ¿por qué se dice que la “B” es la gran invisibilizada del colectivo LGB?


Imaginemos una escena en la que un chico besa a su pareja. En el caso de que esta sea una chica, automáticamente tenderemos a pensar que es heterosexual. En cambio, si se tratase de otro chico parece evidente que la respuesta más acertada sería pensar que es gay. Pero, ¿cómo estamos tan seguros de ello?, ¿por qué no considerar que pueda sentirse atraído por personas de diferentes sexos/géneros? Pues bien, el monosexismo imperante en la sociedad en la que nos hayamos inmersos establece que una persona solo puede sentirse atraída hacia un sexo/género (Elia, 2010). La asunción como verdad de esta norma provoca que muchas personas homosexuales (gais y lesbianas) y heterosexuales invisibilicen la orientación bisexual negándola o absorbiéndola en su discurso constantemente (Graydon-Kennedy y Fisher, 2010).

Como consecuencia de este monosexismo implícito aparecen varios mitos populares como los siguientes: se trata de una fase de transición a la homosexualidad, son heterosexuales confundidos o experimentando, son personas incapaces de reconocer su homosexualidad, son personas promiscuas e infieles por naturaleza, no pueden tener relaciones monógamas, contraen más Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y son responsables de su esparcimiento a la población, etc. Todos ellos se basan en prejuicios y creencias erróneas sobre la bisexualidad, que terminan traduciéndose en determinadas actitudes y comportamientos discriminatorios contra las personas bisexuales, lo cual se conoce como bifobia (Mulick y Wright, 2002).

¿Cómo repercute todo ello en el bienestar de la persona bisexual?


Según Meyer (2003), esta invisibilización continuada provoca que la persona bisexual se vea obligada a lidiar con un estrés añadido al que de forma habitual debe hacer frente en su día a día dificultando, por tanto, su salud mental. Entre las consecuencias más habituales encontramos: ansiedad, depresión, aislamiento, estrés, baja autoestima, sentimientos de culpabilidad y soledad, abuso de sustancias, mayor probabilidad de comportamientos e ideación suicida, así como bifobia interiorizada, esto es rechazo hacia la propia orientación sexual y hacia otras personas bisexuales por la integración y aceptación de mensajes negativos contra su orientación sexual (NuevoPeriódico, 2020). En Artea somos conscientes de esto, y ofrecemos un espacio seguro, respetuoso y comprensivo donde, de la mano de nuestro equipo de profesionales experto en psicología afirmativa LGTBI, todas las personas se sientan tranquilas, escuchadas, comprendidas y, sobre todo, apoyadas y acompañadas en su proceso de autoaceptación y dificultades encontradas.

Para finalizar, me gustaría comentar que en lugar de centrarnos en qué es lo que nos diferencia de los demás, lo realmente fundamental debería ser pensar en aquello que nos une como personas: nuestra condición como seres humanos libres. Por desgracia, este pensamiento permanece muy fragmentado todavía, existiendo grupos que resultan privilegiados en detrimento de otros, como ocurre en el caso de la bisexualidad. Por ello, resulta de suma importancia seguir colaborando en nuestra lucha por la igualdad, y destaco NUESTRA, porque ciertamente es algo que nos concierne a todos/as y que solo podrá lograrse si personas bisexuales y no bisexuales trabajamos  juntas para visibilizar y, por tanto, dar voz a esta realidad tan injustamente silenciada.


Iván Bellido
Alumno en prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria
de la Universidad Loyola de Andalucía.



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