Amor y deseo: fundamentalmente distintos, esencialmente relacionados

En la medida en la que el amor y el deseo erótico son dos de las fuerzas mayores que unen a los miembros de una pareja, estos constituyen temas que se mantienen a la orden del día en las consultas de terapia sexual y terapia de pareja. La frecuente (pero no indispensable) aparición conjunta de estos dos hechos hace que todavía sigan vigentes los debates e investigaciones que inciden en aspectos como su origen, evolución y función, explorando así las similitudes y relaciones entre estos procesos. Es decir, ¿son el amor y el deseo diferentes o son procesos similares?, ¿deberían aparecer necesariamente de forma conjunta o responden, por contra, a necesidades diferentes?

En este sentido, las dos líneas principales de pensamiento las componen, por un lado, aquellos teóricos que definen el deseo como un ingrediente esencial para los fuertes sentimientos de pasión que caracterizan las primeras etapas del amor romántico y, por otro, aquellos que argumentan que se trata de dos procesos funcionalmente independientes y con base neurofisiológica diferenciada.

Deseo y amor, ¿lo mismo?

Diamond (2003) plantea dos tipos diferentes de amor en su modelo bioconductual: el amor romántico y el amor apasionado (o deseo, en nuestros términos). El amor romántico incluye profundos sentimientos de compromiso, intimidad y conexión, mientras que el deseo supone sentimientos de atracción, pasión y capricho. Siguiendo esta línea, el amor romántico cumple un papel de compromiso, promoviendo la intimidad y la formación de proyectos comunes a largo plazo. El deseo, por su parte, motiva al individuo a la búsqueda de proximidad y contacto, alcanzando su punto más alto al inicio de la relación y siendo estas conductas menos frecuentes en relaciones más asentadas.
Por lo tanto, el principal denominador común parecen ser las conductas de aproximación y unión con el otro en las que se materializan: en el caso del amor, con objetivos a largo plazo y, en el caso del deseo, buscando la gratificación a corto plazo. Así las cosas, la autora hace una diferencia entre el amor y el deseo, catalogándolos como dos procesos tanto funcional como fisiológicamente independientes, en contra de aquellas corrientes que catalogan al deseo como un elemento imprescindible del amor: mientras que el primero está mediado por estrógenos gonadales y andrógenos, el segundo lo hace por oxitocina y opioides endógenos.
En esta línea, el estudio de técnicas de neuroimagen ha arrojado evidencia sobre las bases neurológicas de sendos procesos, especialmente fMRI y PET (Figura 1).
Figura 1.
(A) Redes cerebrales relacionadas con el deseo sexual (azul) vs amor (rojo). (B) Regiones únicamente activadas por el deseo. (C) Regiones únicamente activadas por el amor. (D) Vista medial y vista del tronco encefálico de las regiones activadas únicamente por el deseo frente al amor.
Nota. Adaptado de “The Common Neural Bases Between Sexual Desire and Love: A Multilevel Kernel Density fMRI Analysis” (p. 1050) por S. Cacioppo, 2012, J Sex Med, 9(4).
Según la revisión sistemática de Diamond y Dickenson (2012) a tal efecto, lo que parece claro es que los estudios sobre deseo no incluyen el patrón distintivo de activación predominante del caudado y del área tegmental ventral que caracteriza al amor romántico (área, esta última, relacionada con la valoración afectiva). No obstante, sí coinciden en la activación conjunta del caudado, la ínsula, el putamen y la corteza cingulada anterior (áreas relacionadas con la atención, la emoción, la motivación y la recompensa).
Este hecho respalda la idea base de que el amor y el deseo son procesos tanto experiencial como neurobiológicamente diferentes, pero comparten vías cerebrales comunes relacionadas con estados emocionales y recompensas. Esto es, ambos procesos implican una sólida motivación para buscar al otro, aunque con diferentes recompensas.

Diferencia entre atracción sexual, deseo sexual y amor

Por último, cabe destacar la diferencia entre los conceptos ya mencionados y la atracción sexual, si bien tiende a confundirse especialmente con el deseo. La atracción sexual se define como el sentimiento de inclinación o interés físico y/o emocional hacia otra persona, que puede acompañarse del deseo de participar en actividades sexuales o íntimas con la misma. Es decir, mientras que el deseo es la motivación individual para satisfacer las necesidades eróticas, este no tiene necesariamente que implicar a otra persona en su consecución, si bien puede complacerse mediante autoestimulación, fantasía erótica, lecturas eróticas, etc. La atracción, por su parte, se experimenta en relación a otra persona.

En resumen, si bien es cierto que el amor, el deseo y la atracción son tres factores que se combinan con frecuencia al inicio de una relación, estos pueden no estar presentes de forma conjunta en todas las relaciones o transformarse con el paso del tiempo. Así, podrán darse relaciones amorosas y comprometidas en las que el deseo no sea un ingrediente central en la relación (amor sin deseo o atracción sexual), puede experimentarse deseo sin sentir amor o atracción romántica hacia la persona deseada, como pudiera ser el caso de encuentros casuales (deseo sin amor ni atracción), otras personas podrán sentir una profunda atracción física o emocional hacia otras sin desear que ello se traduzca en un encuentro (atracción sin deseo ni amor) y otras, por otra parte, podrán experimentar cada uno de estos procesos hacia personas diferentes.

Con todo esto, se hace preciso señalar que existen tantas sexualidades como personas y formas de experimentarla, por lo que el amor, el deseo y la atracción van a estar determinados por la propia experiencia subjetiva individual. Ante el planteamiento de si el amor y el deseo van de la mano, o son procesos independientes, la respuesta más certera parece ser “depende”: a pesar de que divergen en la activación de numerosas áreas cerebrales, sus fuertes convergencias revelan que, aunque son fundamentalmente distintos, están estrechamente relacionados.

Diana Práxedes Aguilar
Psicóloga-Sexóloga
Alumna en prácticas del Master General Sanitario UNIR

Referencias
Aron A.P. y Aron E.N. (1991). Love and sexuality. Sexuality in close relationship, pp. 25-48. Lawrence Erlbaum Associates, Hillsdale, NJ.
Bianchi-Demicheli, F., Grafton, S.T. y Ortigue, S. (2006). The power of love on the human brain. Social Neuroscience, 1, 90- 103.
Cacioppo, S., Bianchi-Demicheli, F., Frum, C., Pfaus J.G., Lewis J.W.. (2012). The common neural bases between sexual desire and love: a multilevel kernel density fMRI analysis. J Sex Med. 9(4):1048-54.
Diamond, L. M. (2003). What does sexual orientation orient? A biobehavioral model distinguishing romantic love and sexual desire. Psychological Review, 110, 173–192.
Diamond, L. M., y Dickenson, J. A. (2012). The neuroimaging of love and desire: Review and future directions. Clinical Neuropsychiatry: Journal of Treatment Evaluation, 9(1), 39–46.
Ortigue, S. y Bianchi-Demicheli, F. (2007). Interactions between human sexual arousal and sexual desire: a challenge for social neuroscience. Revue Medicale Suisse, 3, 809-813.
Regan PC (1998). Of lust and love: Beliefs about the role of sexual desire in romantic relationships. Personal Relationships, 5, 139-157.


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